EL ÓRGANO EN LA BAJA EXTREMADURA

Carmelo Solís Rodríguez (de su material inédito. Hacia 1990)

La historia del órgano en la Baja Extremadura recorre un largo camino desde el siglo a nuestros días, recogiendo a su paso la actividad de maestros castellanos y andaluces, nombres y egregios de ascendencia vasco-navarra y otros originarios de la región. Algunos de estos “maestros de fazer organos” se afincarán en la Baja Extremadura abriendo talleres en los principales centros artísticos (Badajoz, Zafra, Llerena, Jerez de los Caballeros) para responder a una continua/ demanda por parte de iglesias y monasterios, prolongando su presencia hasta nuestro actual siglo en un intento de mantener la estética del órgano hispano.

Aunque no falten referencias anteriores al XVI, será a partir  de este siglo cuando se ofrezcan noticias abundantes sobre la actividad organera en los pueblos bajoextremeños, que nos permiten abocetar el panorama musical en esta centuria que, con el siglo XVIII (el setecientos se presenta en su primera mitad como una secuencia de la anterior centuria y en la segunda se engarza con el barroco posterior)  marcan las dos etapas más brillantes y revolucionarias de la historial del órgano español, que tendrá su reflejo exacto, si bien tardío, en Extremadura.


Renacimiento y Protobarroco (ss. XVI y XVII)

Pareja a la actividad constructora eclesial, se advierte a lo largo de todo el siglo un creciente interés por dotar a las iglesias de instrumentos musicales con que solemnizar los oficios litúrgicos siguiendo las disposiciones conciliares y sinodales. Desgraciadamente no queda instrumento alguno de esta época, por lo que nuestro/ conocimiento se ha de limitar a los testimonios documentales sobre la composición de los órganos y sus autores. Abre la lista de organeros en la Baja Extremadura el maestro sevillano Jerónimo de León quien en 1535 se comprometía a atender los órganos de la Catedral de Badajoz “cada y quando quel organista desta yglesia dixere que ay neçesidad de se afinar”. Tal vez este maestro perteneciera a la familia de los León oriundos de Toledo, uno de cuyos miembros, Cristóbal, trabajaba en Sevilla en 1551 y años antes fue organista y entonador de órganos en la Corte, gozando de la estima de Antonio de Cabezón.

Más definida aparece la figura del maestro Damián Luís personalidad distinguida en el arte de la organería hispana del XVI. De origen portugués, viene a Badajoz desde Sevilla y Jerez de la Frontera para afincarse en la ciudad pacense sirviendo los órganos de la Catedral desde 1543 a 1570 para desde aquí proyectar una serie de instrumentos para Extremadura (Arroyo de la Luz, Almendralejo, Cáceres, etc.) y Castilla (Talavera de la Reina, Salamanca, Medina de los Toros) y en los que da muestras de conocer las novedades que se iban introduciendo en el instrumento, como “el temblante” que incluye en dos de los tres órganos de la Catedral pacense.

Posterior en una generación a Damián Luis es el toledano Gaspar Salazar de Santa Cruz discípulo del napolitano Horacio Fabri, cuyos trabajos en Extremadura se documentan entre 1587 y 1616. En 1592 aparece avecindado en la villa de Zafra construyendo en su taller un buen número de órganos (Higuera la Real, San Francisco de Zafra, San Miguel de Jerez de los Caballeros, Los Santos de Maimoria, Fregenal de la Sierra...) en los que se refleja su formación tradicional y su apego a la estética cincocentista que transmitió a sus discípulos Juan Montero de Carvajal y Matías de Fonseca que laboraron en la comarca hasta el segundo tercio del siglo.

Del círculo toledano y en conexión probable con Salazar de Santa Cruz, proceden los organeros Luis Manzano y Melchor de Tovar que alternan sus trabajos en iglesias de la Alta y Baja Extremadura.

De Andalucía suben los organeros Sebastián y Juan de León, en labores de afinación y aderezo de los órganos de las parroquiales de Hornachos, Fuente del Maestre, La Parra y Burguillos del Cerro, completándose la lista de maestros del XVI con Sebastián Maldonado, que en 1568 y en colaboración con el pintor Antonio Florentino, vecino de Zafra, construye para la parroquial de Villafranca de los Barros un “órgano de cinco ordenes”.

Secuencia del XVI, los maestros de la primera mitad del siglo XVII no aportan novedad alguna a la estética del instrumento, limitándose a repetir los esquemas tradicionales del órgano analítico y a  introducir paulatinamente los registros partidos, que ya habían aparecido en Castilla en las postrimerías de la anterior centuria.

En esta línea de fidelidad a los modelos renacientes se mantendrá Juan Amador miembro de una familia de organeros cacereños dela/ villa de Brozas, muy activos en la Alta Extremadura, que hará acto de presencia en la Catedral de Badajoz y en la parroquial de Santa María del Mercado, en el primer tercio del siglo. Pero será, curiosamente, un maestro romano, José Lombardo quien introduzca los registros partidos en los órganos de la Catedral de Badajoz en el bienio 1624-25, siguiéndole el capellán Rodrigo Alonso en un órgano de su invención para la parroquial del lugar de Talavera.

Pasada la guerra de secesión de Portugal, que tantos estragos produjo en la economía bajoextremeña, aparecen en Badajoz dos maestros sevillanos, Claudio de Ossorio y Antonio Pérez trabajando, en  la reparación de los órganos catedralicios, y desplazándose el segundo a la ciudad de Jerez de los Caballeros para construir un órgano de nueva planta para la parroquial de San Miguel. En Llerena, abrirán un taller de organería Diego Gallego y su hijo Alonso que llevarán a cabo un amplio programa organero para las iglesia comarcanas encargándoseles en 1664 una obra que sospechamos importante el órgano de la Colegiata de Zafra.

De toda esta intensa actividad organera, solo subsisten en la Catedral de Badajoz el órgano de la nave de San Blas, de finales del XVI, y del órgano de La Antigua, de comienzos del XVII.


El Barroco Pleno (s. XVIII)

Como en toda España, el siglo XVIII supuso para el arte de la organería en Extremadura un auténtico siglo de oro, durante el cual se acometieron nuevas construcciones de instrumentos dotados de abundante lengüetería exterior dispuesta ante las fachadas de las cajas, compitiendo éstas con los retablos y enriqueciendo los espacios interiores de las iglesias con una magnificencia hasta entonces desconocida, fruto de las nuevas corrientes estéticas del Barroco. Protagonistas de esta nueva empresa musical vendrán a ser numerosos organeros procedentes de los tradicionales centros castellanos (Toledo, Salamanca, Madrid) y otros de ascendencia vasco-navarra, así como una significativa nómina de maestros italianos y portugueses. Algunos de éstos maestros echarán raíces en la Baja Extremadura estableciendo talleres de organería en Jerez de los caballeros y Llerena.

Inicia la serie de maestros barrocos en la provincia de Badajoz el salmantino José Hernández Martín, introductor del sistema de ecos y de la trompetería exterior en las iglesias bajoextremeñas, desarrolla entre 1716 y 1725, una gran actividad constructora en toda la región (Trujillo, Cáceres, Plasencia, Badajoz, Jerez de los Caballeros, Zafra, Villafranca de los Barros...), desde la que tan solo restan los órganos de la Colegial de Zafra y el órgano grande de la Catedral pacense, situado en el testero de la sillería coral y envuelto en una espléndida caja barroca, obra del escultor pacense Francisco Ruiz Amador.

En la comarca jerezana y en la frexnense laboran entre ambos siglos un maestro de ascendencia vasca, José de Aranda y Chavarría y los Olmedo y en Llerena abre taller Antonio de Rivilla y Cerda hijo del toledano Roque de Rivilla, iniciando a partir de la segunda década del siglo sus trabajos en la ciudad prioral, desde donde atenderá a numerosos encargos en diversos pueblos de la Baja Extremadura (Monterrubio, Alburquerque, Villafranca, Talavera la Real) y en la  misma Catedral de Badajoz, sentando las bases de una escuela organera que ofrecería sus mejores frutos en la segunda mitad del siglo.

Hombre de cierta categoría en los ambientes musicales pacenses hubo de ser fray Martín de Almazán monje trinitario de la capital, a quien los capitulares confiaron en 1742 la atención de los órganos laterales del coro, tras conocer los múltiples trabajos que realizara, algunos en colaboración con el maestro Pedro Manuel en diversos pueblos de la región.

Pero será en la segunda mitad del siglo cuando se advierta una mayor actividad constructora en centros tan importantes como Jerez de los Caballeros y Llerena, cuyos talleres servidos por acreditados organeros responderán a una amplia demanda que rebasará incluso los límites geográficos de la región.

En Jerez de los Caballeros trabajan ahora dos maestros importantes: Mascareñas y Andía. Don Gonzalo de Souza Mascareñas y Acuña portugués “Caballero del avito de Christo”, aparece avecindado en 1761 en la ciudad jerezana, simultaneando sus trabajos de organero con el arte de la relojería en pueblos de la sierra de Huelva, en la década de los sesenta despliega una gran actividad, que le valdrá en 1771 el título de “artífice maior de órganos” de la provincia eclesiástica de San Marcos de León, Orden de Santiago, que más tarde ampliaría a otras Diócesis y Catedrales (Badajoz, Plasencia, Ciudad Rodrigo...). Sus trabajos en la Baja Extremadura incluyen diversos órganos y reparaciones en la parroquiales de Jerez, Segura de León, Fuentes de León, Bodonal de la Sierra, Nogales, Salvaleón, Valencia del Ventoso y en la Catedral de Badajoz. Activo también en la Alta Extremadura, Souza de Mascareñas lleva su arte a Castilla (Salamanca, Valladolid), con una importante intervención en el órgano de la Catedral de Ciudad Rodrigo, que fabricara Pedro de Liborna y Echevarría, y un órgano de su invención - su última obra documentada - para la iglesia de Montealegre (Valladolid), contratado en 1795. Francisco de Andía y Zagardoy (1708-1786?), miembro de una familia de organeros navarros oriundos de Olite y activos en Andalucía (Jaén y Cádiz), aparece en 1742 avecindado en la villa de Fuente del Maestre, pasando después a residir definitivamente en Jerez de los Caballeros. En 1763 construye el órgano de la parroquial de Santa María del Mercado y en la década de los setenta los de las parroquiales de Cabeza del Buey, Valverde de Leganés, San Bartolomé de Jerez, acudiendo a licitar sin éxito en la obra del órgano de la iglesia mayor de Fuentes de León y en 1780 al órgano de la Catedral de Jaén, que realizaría F. Antonio de Madrid. Este mismo año concierta dos órganos en Extremadura: uno para la parroquial de Montijo (del que resta tan solo la caja) y otro para Santa Maria de Brozas. Son sus dos últimas obras documentadas. Debió morir por los años 1785-86. De los instrumentos realizados por Andía solo se conservan los órganos de Santa María de Brozas (recientemente restaurado por Gerard A. de Graaf), San Bartolomé de Jerez de los Caballeros y Santa María del  Mercado de Alburquerque, este último muy reformado en el siglo pasado

En Llerena aparecen otros dos grandes maestros barrocos, Larrea y Marchena que nos ha legado instrumentos modélicos en su género.

José Antonio de Larrea y Galarza aparece en 1749 afincado en la ciudad de Llerena concertando el órgano de la arciprestal de Santa María de Jerez de los Caballeros, un monumental instrumento de riquísima registración barroca envuelto en una caja de siete calles, obra del tallista jerezano Juan Texero Jofre, que desapareció, víctima de un incendio en 1965. La actividad del maestro Larrea se intensifica en la década de los cincuenta con nuevos órganos para las parroquiales de Los Santos de Maimona, Valencia de las Torres, Santa María de Fregenal y Santiago de Don Benito, culminando en el de San Martín de Trujillo realizado entre 1759 y 1761, para más tarde llevar su arte a otros pueblos de la Alta Extremadura (Garrovillas de Alconétar, Cáceres) y Ávila (El Barco de Ávila). El nombre de este organero ha quedado inscrito con destacados relieves en la historia del barroco hispano con el órgano de San Martín de Trujillo, obra maestra del XVIII.

Coetáneo de Larrea, el organero José Marchena reparte su actividad en la provincia de Badajoz entre el ocaso del XVIII y comienzos del XIX. En 1780 se encarga de la hechura de órgano en la parroquial de Los Santos de Maimona en sustitución del construido, treinta años antes, por el citado Larrea: es obra de gran empaque y uno de los mejores ejemplares barrocos conservados en la provincia de Badajoz, como lo fueran también los de las parroquiales de Almendralejo y Fuente de Cantos, desaparecidos en 1936. Su última obra documentada -entre 1806 y 1816 fue un órgano de modestas proporciones para la ermita de Nuestra Señora de Flores de Bodonal de la Sierra, en la comarca frexnense

Junto a estos maestros radicados en Jerez y Llerena, precisa registrar la presencia en la Baja Extremadura de dos maestros madrileño que traen, a finales del siglo, las novedades de la estética neoclásica: Tomás Risueño que en 1780 construye el órgano de Santa María de Mérida y tres años después el de la iglesia de Segura de León, y Manuel Risueño a quien se deben el órgano de la parroquial de Fuente  del Maestre (1807) y trabajos menores de compostura en Torre de Miguel Sesmero y Valencia del Ventoso.

Completamos el mapa organero bajoextremeño con los nombres del portugués Pedro Núñez de Silva que en 1701 compone el órgano de Santa María de Alburquerque, y los italianos Figuelli, Pascaly Caetanus Oldovini, autor del órgano de Santa María de Olivenza y obra cualificada en las Catedrales de Evora, Faro, Beja y Elvas, y, por último, Carlos Rigolli que ya en pleno siglo XIX limpia y afina el citado órgano oliventino.


Siglos XIX y XX

El siglo XIX conoce el ocaso del órgano español, que durante más de trescientos años se había ido conformando con rasgos peculiares dentro del panorama musical europeo. Dos acontecimientos luctuosos hicieron presa en el patrimonio organero que a principios del XIX se ofrecía intacto en las iglesias extremeñas; la guerra de la Independencia y los decretos desamortizadores. Pese a la situación deplorable en que se sumió el ambiente musical, una nueva generación de maestros, procedentes en su mayoría del exterior, se aprestaron a la restauración y mantenimiento de los viejos instrumentos y a la construcción de otros de nueva planta en los que se introducen tímidamente algunas novedades románticas ya presentidas en las postrimerías del XVIII. Junto a esta presencia foránea cabe reseñar la existencia de talleres locales, algunos, como el del Marqués de Matallana en Jerez de los Caballeros, de singular importancia en la modesta historia del órgano bajoextremeño en el siglo XIX.

El organero más activo en Extremadura fue el leonés, de Valderas, don Benito Baquero quien, tras sus primeros contactos con las iglesias de la alta Extremadura, en l845 era llamado por el Cabildo! de Badajoz para restaurar el órgano de La Antigua, en el que puso secreto y teclados nuevos, incorporando además un registro partido de Clarín. Poco antes, un organero italiano, Juan Beltrán delle Rovede, había reparado los órganos catedralicios y fabricado para la parroquial de San Andrés de la misma ciudad un órgano de su invención. En similares obras se empleó Rodríguez,organero de la Catedral de Ávila, a quien los capitulares pacenses confiaron en 1869 la restauración del órgano mayor, para más tarde ocuparse de otras composturas en los instrumentos de la parroquial de Ribera del Fresno y del la Ermita de Nuestra Señora de Coronada en Villafranca de los Barros. Y ya en 1909 construye el órgano del Monasterio de Franciscanas Concepcionistas de Fuente del Maestre Pedro Bernardi miembro de una familia de organeros genoveses que en el último tercio del XIX desarrollaron una gran actividad en la provincia de Cáceres.

Los talleres jerezanos resurgen, gracias al mecenazgo del Marqués de Matallana, con el maestro Manuel Marcos sevillano, que en 1863 construye el órgano de la parroquial de Alconchel, y con su hijo Alberto Marcos Borrachero, autor asimismo del parroquial de Fuentes de León, y del cuidado de otros muchos dispersos por la geografía de la comarca. Obras, en suma, de gran modestia, como lo fuera la labor desarrollada en Fregenal por el maestro Manuel María González autor de los órganos de las carmelitas de Fuente de Cantos y del Santuario del Cristo de Ribera del Fresno y a quien se le encomendaron las reparaciones de múltiples órganos. En la misma comarca frexnense aparece -y es caso no repetido en toda la provincia de Badajoz - un ejemplo romántico en el Santuario del Señor de la Humildad de Higuera la Real Es obra del italiano Nicolás Bolasi y data de 1896.

En el presente siglo se registra la instalación de un órgano sinfónico en la Catedral de Badajoz (1925), debido al famoso organero alemán Albert Mercklin, y un capítulo doloroso de destrucciones en la última guerra civil. Pasada la contienda y tras la instalación de algunos órganos tubulares (parroquiales de Almendralejo, Llerena, Fuente de Cantos... debidos a Organería Española), razones de tipo económico y absurdas motivaciones pseudopastorales relegaron al silencio las nobles armonías de los órganos tradicionales. Hoy día se advierte un creciente interés por devolver la voz a estos venerables instrumentos, precioso testimonio de la mejor historia de la música en la Baja Extremadura.